Colombia atraviesa horas difíciles luego de que un terremoto de magnitud 7.4 golpeara el occidente del país este lunes, apenas tres días después de que Abelardo de la Espriella asumiera la Presidencia de la República. El movimiento dejó graves daños y víctimas, convirtiéndose en una de las primeras grandes pruebas de su recién iniciado gobierno.
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De una ceremonia histórica a una emergencia nacional
De la Espriella tomó posesión el pasado 7 de agosto de 2026 en Cali, en una ceremonia que rompió con la tradición reciente de realizar la investidura presidencial en Bogotá. El Congreso había aprobado previamente trasladar el acto a la capital del Valle del Cauca.
La coincidencia resulta especialmente impactante porque Cali, la misma ciudad donde se celebró la investidura, está entre las zonas afectadas por el terremoto. Según los primeros reportes, se registraron derrumbes y daños importantes en diferentes puntos del occidente colombiano.
Un terremoto de magnitud 7.4
El movimiento tuvo su epicentro cerca de San José del Palmar, en Chocó, y fue sentido no solamente en ciudades colombianas como Cali, Pereira y Manizales, sino también en Bogotá y en países vecinos.
Los equipos de emergencia trabajan en las zonas afectadas mientras continúa la búsqueda de personas entre los escombros. También se han reportado daños en infraestructura y afectaciones en aeropuertos.
Primera gran prueba para el nuevo presidente
Ante la magnitud de la tragedia, el presidente De la Espriella declaró desastre nacional, una medida destinada a facilitar y acelerar la movilización de recursos para atender la emergencia. Países como Estados Unidos, Brasil, Ecuador y México también han ofrecido apoyo.
El desastre llega cuando el mandatario apenas comenzaba a desarrollar su agenda de gobierno. Durante sus primeras 48 horas había visitado Cali, Barranquilla y Medellín, poniendo énfasis en seguridad y presencia regional.
Ahora, solamente tres días después de asumir el cargo, la atención del país cambia completamente.
La prioridad ya no está en las ceremonias ni en las primeras decisiones políticas, sino en rescatar sobrevivientes, atender a los damnificados y determinar la verdadera magnitud de los daños.
Para el nuevo gobierno colombiano, esta tragedia representa una prueba inmediata de liderazgo y capacidad de respuesta. Para miles de familias afectadas, sin embargo, lo más importante en estas horas es mucho más sencillo: encontrar a sus seres queridos y comenzar a levantarse nuevamente después del desastre.